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Luego de terminado un ciclo viene ese lapso incesante de cuestionamientos donde la principal disyuntiva es: detenerse o continuar. Y como por supuesto se trata de una decisión compleja, es de vital importancia realizar balances en ambos aspectos para determinar, finalmente, cuál de ellos es el más apropiado para concretar la utopía de una vida asentada en la felicidad.Hoy fue uno de esos días de balance. Me dirigí al lugar donde había sido invitada. Ya había otras personas allí. Me senté, como siempre, en un lugar estratégico que me permitiera ver, mirar y observar todo desde varias perspectivas. Altos, bajos, gordos, flacos, calvos y chascones, con lentes y sin ellos, todos distintos, pero al mismo tiempo motivados por un objeto común, por un producto antiquísimo que, para bien o para mal, es utilizado, reiterado, renovado y por qué no decirlo, rupturizado hasta el cansancio y más... el famoso decir del lenguaje.Dispositivos, masculinidad, urbe, costura: corte y confección, dominios, fantasías democráticas, si. Todo en el mismo saco. Palabras, personas y escritores. Estos últimos cumpliendo las funciones similares a un superhéroe que cree poseer una preciosa verdad, que debe reservarse de compartir completamente. Decir y no decir, porque la letra y la imaginería tienen que ser personales y ¡NO! me robes esta idea, porque sabes que soy mejor que tú. Variedad de palabras, variedad de premisas, todas encubadas en la mirada añeja de la imposición del otro.En esto estaba, así se produjo mi balance, con un poco de mucho y cero coma cinco milímetros de profundidad. Cabezas asintiendo, rostros simulando interés, sonrisas fingidas y aplausos presionados. Ellas y el público. Ellas y su verdad acerca de algo que no les es inherente como quisieran, o como pretenden creer algunos. Todo ese círculo agobiante, donde el asma es lo menos y la incertidumbre nos domina. Manejos, voces, discursos. ¿Desde dónde habla la escritura?Tengo esperanza de que no sea del sitio que hoy visité y de ser así, algo debo hacer para aportar al cambio, o de lo contrario, tendré que salirme de este camino contaminado por los que creen que hablando fuerte serán escuchados.
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